La épica, el alma y el destino sonrieron a la Selección Española en una de esas noches que quedan grabadas a fuego en los anales del fútbol sala. España selló su billete a la gran final de la Finalissima tras doblegar a Portugal en una interminable y agónica tanda de penaltis (8-7 tras 18 lanzamientos), después de igualar 2-2 en un duelo de poder a poder que exigió el límite físico y mental de ambos combinados. La parada decisiva del capitán Jesús Herrero desató la locura de un vestuario que volverá a pelear por el título intercontinental —como ya hiciera en 2022— en una final soñada frente a Brasil, que en la otra semifinal también necesitó de la muerte súbita desde el punto de penalti para apear a Argentina (1-1 y 5-4).
El clásico ibérico volvió a poner frente a frente a las dos potencias hegemónicas de Europa, dos escuadras que se conocen al milímetro y cuyos estrategas, Jesús Velasco y Jorge Braz, volvieron a protagonizar una partida de ajedrez táctico de máxima precisión. Desde el pitido inicial, el ritmo estuvo marcado por continuos reajustes estratégicos: cambios específicos para ejecutar o defender el balón parado, transiciones fulgurantes e incorporaciones de cinco con el meta Bernardo Paçó. Un choque de colosos en el que los colegiados colombianos permitieron el contacto físico, favoreciendo la agresividad lusa y cortando el juego alegre de los españoles, que vieron a Antonio Pérez cargarse con la primera cartulina amarilla.
La tensión se desbordó al filo del descanso. Tras una revisión del videoarbitraje solicitada por el banquillo español, los colegiados expulsaron con roja directa a Rúben Góis por un codazo sobre David Novoa. Sin embargo, a pesar de los dos minutos de superioridad numérica y de dos claras ocasiones en las zapatillas de Mario Rivillos que rozaron el poste, el luminoso no se movió en los primeros veinte minutos.
Tras la reanudación, el partido estalló en un vendaval de emociones. Apenas habían transcurrido 16 segundos del segundo acto cuando Raya robó un esférico en campo rival y batió la meta portuguesa con un latigazo raso (1-0). Lejos de amilanarse, Portugal dio un paso al frente y volteó el tanteador: primero, Rúben Teixeira firmó el 1-1 con una soberbia volea a la salida de un córner, y poco después Hugo Neves se sacó de la chistera un disparo cruzado imparable que ponía el 1-2 a favor de los lusos a falta de siete minutos.
Con el reloj en contra, Velasco apostó a cuatro minutos del final por el juego de cinco con portero-jugador. El asedio español fue conmovedor y encontró recompensa a falta de solo 55 segundos: Sergio González empujó al segundo palo un envío medido de Rivillos para subir el 2-2 y enviar la semifinal a la tanda de penaltis.
Allí emergió la figura colosal de Jesús Herrero. En una muerte súbita de infarto que requirió hasta 18 lanzamientos, el guardameta español detuvo las tentativas de Silvestre Ferreira y Lúcio Júnior, decantando la balanza (8-7) para desatar la euforia de la Roja. España buscará la gloria absoluta este domingo frente a la todopoderosa Brasil, vigente campeona mundial y sudamericana, en una final de época.